Durante más de cuatro décadas, la procesión del Viernes Santo en la colonia Altavista, al norte de la expansión urbana, ha sido un evento emblemático organizado por la familia Alarcón. Este año, el evento ha reunido a más de 60 personas, incluyendo a más de diez mujeres, destacando por su inclusividad y la profundidad de su tradición religiosa. Los participantes, conocidos como “engrillados”, recorren entre siete y nueve kilómetros por distintas colonias, simbolizando así su fe y devoción.
La historia de la procesión está profundamente enraizada en la tradición familiar de los Alarcón, quienes han mantenido viva esta práctica iniciada por los ancestros de Adriana Alarcón García. Esta tradición no solo ha crecido en número de participantes sino que también se ha convertido en un símbolo de igualdad y esperanza para muchos, incluyendo historias de milagros y agradecimiento que unen a la comunidad, especialmente entre aquellos que buscan bendiciones o agradecen protecciones divinas.
El compromiso de la familia Alarcón con la procesión se extiende más allá de la organización, cubriendo incluso los costos de alimentación para los asistentes, consolidando así su rol como pilares de esta tradición en el municipio. Con cada Viernes Santo, la procesión no solo perpetúa una herencia familiar sino que también refuerza la unidad y la fe dentro de la comunidad atliscense, atrayendo incluso a migrantes que regresan para participar en este acto de fe.
