La canción “Ojitos Mentirosos” se ha convertido en un himno inesperado en TikTok. Acompañada de maquillaje de payaso y paisajes urbanos, especialmente de barrios populares y zonas marginadas, esta tendencia viral ha generado una avalancha de contenido: desde homenajes visuales cargados de orgullo barrial, hasta memes y videos que, para algunos, rozan la trivialización de contextos de precariedad.
Para muchos usuarios, el trend se ha convertido en una forma de visibilizar la vida en la periferia, denunciar la marginación y resignificar el orgullo de ser parte del barrio. No se trata solo de una moda: es una especie de performance urbano donde lo cotidiano se convierte en declaración cultural.
Sin embargo, junto al impacto emocional que ha generado el trend, también ha surgido una ola de críticas y memes que denuncian el uso superficial de esta tendencia por parte de quienes no pertenecen a esos contextos.
Este fenómeno ha reabierto el debate sobre la llamada “pornomiseria”, un término que se refiere a la explotación de imágenes de pobreza o sufrimiento con fines de entretenimiento o consumo estético. En este caso, se acusa a algunos usuarios de usar el maquillaje y los escenarios marginales como un filtro más, sin reflexión ni denuncia, convirtiendo la pobreza en espectáculo.
