Luis Gabriel Velázquez
La Secretaría de Educación Pública piensa que nos dio atole con el dedo, y que creímos lo del regreso seguro a clases.
Desde hace mucho tiempo, pocos creen el discurso irresponsable de Andrés Manuel López Obrador para ocultar 258 mil defunciones, por el manejo tardío de la pandemia.
Varias de las múltiples razones para que algunos padres de familia manden hoy a sus hijos a la escuela, es porque en realidad ven una afectación psicológica en los niños.
Una excusa también es que ya no los pueden tener más en casa, para poder cumplir con sus trabajos.

Otras voces señalan que los abuelos, que en muchos hogares se hacen responsables de estos pequeños, no saben de tecnología; y no es su obligación saberlo.
Y la principal, las clases en línea fueron un fracaso porque los maestros no estaban preparados para esta enseñanza.
La SEP mintió todo el tiempo en dos asuntos, como es su costumbre:
1) El regreso presencial dijeron que era opcional, hoy no lo es.
2) Garantizaron que esto ocurriría hasta que estuviéramos en semáforo verde, y no; estamos en rojo.
Pero del otro lado no hay inocentes. Muchos ya vamos a fiestas numerosas, visitamos centros comerciales, acudimos al fútbol, nos abrazamos, besamos, y demás apapachos con todo el que se nos acerca.

Dejamos el cubrebocas y hoy, hasta nos atrevemos a opinar sobre la efectividad de las vacunas.
El Gobierno de la República no piensa pagar los platos rotos de un nuevo confinamiento. López Obrador es una autoridad mediática (que no significa efectiva), y no arriesgará su popularidad.
Buscaban un pretexto y se los dimos. “Van a fiestas y reuniones, y no quieren ir a clases“.
Y esta frase está cargada de verdad, eso que ni qué.

Sin embargo esperábamos a un gobierno con autoridad, pero no; nos encontramos al Santa Claus de Palacio Nacional, que está para cumplir los caprichos de un pueblo que se ahoga en una pandemia.
