La Cima de la Montaña

En Línea Deportiva
Pepe Hanan


(Estar en la cumbre del futbol mexicano y poder acariciar el firmamento)

Amigo lector:

Hace una semana le hice una promesa.

Investigar a los cinco hombres que quieren llegar a Primera División y regresar hoy con una respuesta:

¿ALPINISTAS O ARRIBISTAS?

Durante los últimos cinco días abrimos sus expedientes.

Jeff Luhnow, en Cancún.

Arturo Lomelí, en La Paz.

Eduardo López, en Zacatecas.

Alberto Castellanos, en Guadalajara.

José Luis Higuera, en Morelia.

Cinco proyectos.

Cinco maneras diferentes de entender el fútbol.

Y una misma ambición:

LLEGAR A PRIMERA DIVISIÓN.

Después de conocerlos encontramos una respuesta que no esperábamos.

Quizá…

ESTUVIMOS BUSCANDO A LOS ARRIBISTAS EN EL LUGAR EQUIVOCADO.

Porque querer ascender no convierte a nadie en arribista.

Un proyecto puede ser pequeño, económicamente endeble, carecer todavía de infraestructura o no estar preparado para soportar los compromisos de una institución de Primera División en pleno siglo XXI.

Eso puede convertirlo en un proyecto insuficiente.

NO NECESARIAMENTE EN UN ARRIBISTA.

Para descubrir dónde estaban los verdaderos arribistas había que dejar de mirar a los cinco hombres.

Y comenzar a estudiar…

LA MONTAÑA.

CUANDO LA MONTAÑA TENÍA CAMINO

Regresemos cuarenta años en el tiempo.

México acababa de organizar el Mundial de 1986.

La temporada 1986-87 comenzó con 21 equipos en Primera División:

América, Ángeles de Puebla, Atlante, Atlas, Atlético Morelia, Atlético Potosino, Cobras de Querétaro, Cruz Azul, Guadalajara, Irapuato, León, Monterrey, Necaxa, Neza, Puebla, Tampico Madero, Tecos, Tigres, Toluca, Universidad de Guadalajara y Pumas.

Cuarenta años después, en el Apertura 2026, tenemos solamente 18.

Pero existe un dato todavía más interesante.

No contemos equipos.

CONTEMOS CIUDADES.

Aquella Primera División estaba presente en 12 grandes plazas futbolísticas:

Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla, León, Irapuato, Morelia, San Luis Potosí, Querétaro, Nezahualcóyotl, Toluca y Tampico-Madero.

Hoy encontramos 13:

Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla, León, San Luis Potosí, Querétaro, Toluca, Pachuca, Aguascalientes, Tijuana, Ciudad Juárez y Torreón.

El número prácticamente no cambió.

EL MAPA LIGERAMENTE SÍ.

Morelia, Irapuato, Nezahualcóyotl y Tampico-Madero salieron de aquel mapa.

Pachuca, Torreón, Aguascalientes, Tijuana y Ciudad Juárez aparecieron en el de 2026.

Cuatro plazas se fueron.

Cinco llegaron.

Eso también era el ascenso y descenso.

No solamente mover clubes entre divisiones.

Era permitir que la Primera División pudiera MOVERSE POR MÉXICO.

La montaña tenía un camino que comunicaba la base con la cima.

Pero no nos confundamos.

Nunca fue una montaña perfecta.

CUANDO EL DINERO DESCUBRIÓ LOS ATAJOS

El futbol mexicano pronto demostró que existía otra manera de llegar.

Comprar.

Mover.

Transformar.

Adquirir una franquicia.

Correcaminos descendió y terminó comprando la franquicia de Deportivo Neza para permanecer.

Santos Laguna llegó a Primera mediante la compra de la franquicia de Ángeles de Puebla.

Veracruz apareció a partir de Potros Neza.

Querétaro mediante Tampico-Madero.

El reglamento lo permitía.

Pero probablemente ningún ejemplo resulte tan extraordinario para nosotros como el ocurrido con el Puebla de Paco Bernat.

1999. 

Puebla descendió.

Unión de Curtidores ganó deportivamente el ascenso.

¿Qué ocurrió?

Puebla adquirió aquella franquicia y permaneció en Primera División.

Permítame resumirlo:

UNO GANÓ EL DERECHO Y NO SUBIÓ.

EL OTRO PERDIÓ EL DERECHO Y NO BAJÓ.

La cancha podría darte o quitarte un lugar.

Pero después…

EL DINERO PODÍA MODIFICAR LO QUE HABÍA DECIDIDO LA CANCHA.

Y apareció otra especie.

El OPORTUNISTA.

No necesariamente ilegal.

No necesariamente tramposo.

Simplemente alguien que encontró un atajo permitido por el propio sistema.

Muy diferente a ser un arribista.

LOS VERDADEROS ARRIBISTAS

Carlos Ahumada.

Tirso Martínez.

Jorge Rodríguez Marié.

Amado Yáñez.

Los hermanos López Chargoy. (El haber querido operar una multipropiedad, fue su perdición).

Mohamed Morales.

Fidel Kuri.

Historias y circunstancias diferentes.

Sería irresponsable colocarlos a todos bajo las mismas acusaciones.

Pero distintos proyectos terminaron dejando episodios de adeudos, intervenciones, jugadores sin cobrar, franquicias desaparecidas, instituciones desafiliadas o estructuras incapaces de sostenerse.

Ahí encontramos otra definición.

El arribista no necesariamente es quien quiere subir.

Puede ser aquel que consigue llegar hasta arriba y, cuando alcanza la cima, demuestra que no tenía la estructura, la solvencia o la responsabilidad suficientes para permanecer allí.

QUIZÁ LOS VERDADEROS ARRIBISTAS NO ESTABAN ABAJO INTENTANDO SUBIR.

ALGUNOS YA HABÍAN ESTADO ARRIBA.

Y dejaron cicatrices.

LOS CANDADOS

La Federación aprendió.

Los propietarios también.

Y sería demasiado sencillo culparlos por ello.

Imagine usted permitir la llegada de un nuevo propietario sin conocer el origen de sus recursos.

O admitir un proyecto incapaz de pagar nóminas.

O descubrir, seis meses después de ascender, que no puede sostener los compromisos de Primera División.

La certificación tenía una razón:

PROTEGER LA MONTAÑA.

Estadio.

Instalaciones.

Solvencia.

Origen de los recursos.

Fuerzas básicas.

Capacidad económica.

Cumplimiento.

No nos confundamos, amigo lector.

EL PROBLEMA NO ERA CERTIFICAR.

Después de lo ocurrido, resultaba razonable hacerlo.

La pregunta era hasta dónde debía llegar aquella certificación.

Porque un club que asciende no solamente obtiene el derecho a jugar contra América, Chivas, Cruz Azul o Pumas.

Obtiene algo mucho más importante dentro de la estructura del fútbol mexicano.

UNA SILLA.

Y esa silla…

TIENE UN VOTO.

DEL ALPINISTA AL INSURGENTE

Lobos BUAP lo demostró.

Ascendió en 2017.

Alfonso Esparza llegó como representante del nuevo integrante a la Asamblea de propietarios.

Y poco después, durante aquella batalla por los derechos televisivos de la Selección Mexicana, Lobos votó contra mantener el esquema existente.

Junto a otros inconformes:

Monterrey.

Tigres.

El bloque de Jesús Martínez.

Para quienes ya están sentados alrededor de la mesa, no solamente importa:

¿TIENE DINERO EL QUE VIENE?

También:

¿QUIÉN ES EL QUE VIENE?

Y todavía más:

¿ALIADO DE QUIÉN VA A SER?

Porque un alpinista puede alcanzar la cima, sentarse, preguntar, inconformarse, encontrar aliados…

Y convertirse en INSURGENTE.

Y cuidado.

Porque un insurgente con suficientes aliados…

PUEDE TERMINAR CONVIRTIÉNDOSE EN REVOLUCIONARIO.

El fútbol mexicano ya lo había vivido.

Con Don Emilio Maurer, quien no fue un arribista.

Fue un hombre que llegó hasta las estructuras del poder y pretendió transformarlas.

Un REVOLUCIONARIO.

Porque cuando los insurgentes se multiplican pueden incluso intentar tomar por asalto el Palacio.

Ayer, el de la calle Abraham González.

Hoy, el de Toluca.

Por eso vale hacerse una pregunta.

Solamente una.

¿LA CERTIFICACIÓN SERVÍA EXCLUSIVAMENTE PARA PROTEGER A LA LIGA DEL INSOLVENTE…

O TAMBIÉN TERMINABA PERMITIENDO CONTROLAR QUIÉN PODÍA SENTARSE EN LA MESA?

Yo no tengo la respuesta.

La pregunta está en el aire.

Pero yo se que usted amigo lector, si tiene la respuesta.

TAPACHULA

Llegamos a 2018.

Cafetaleros de Tapachula.

La familia Orantes.

El equipo ganó en la cancha.

Fue campeón.

Conquistó deportivamente el derecho.

Pero existía un problema.

NO ESTABA CERTIFICADO.

Las condiciones existían.

Los Orantes las conocían.

No podemos convertirlos simplemente en víctimas porque ganaron un campeonato cuando sabían que administrativamente no habían acreditado previamente las condiciones exigidas para ascender.

Ganaron.

Pero no subieron.

Mientras tanto, Lobos BUAP terminó deportivamente en posición de descender y permaneció mediante el mecanismo económico previsto por la Liga.

Casi veinte años después del episodio Puebla-Unión de Curtidores, cambiaron las reglas.

LA CONTRADICCIÓN SOBREVIVIÓ.

El mérito deportivo ya no bastaba para subir.

Y perder deportivamente tampoco significaba necesariamente bajar.

La montaña seguía teniendo camino.

Pero ahora también tenía aduana.

ASCENDER ES TERSO; DESCENDER ES ESPINOSO

Aquí debemos separar dos cosas que durante muchos años hemos tratado como si fueran una sola:

ASCENSO Y DESCENSO.

No necesariamente lo son.

Para quien está abajo, ascender debería ser terso.

Compites.

Ganas.

Cumples.

Subes.

Lo verdaderamente espinoso aparece arriba.

DESCENDER.

Porque descender no solamente significa jugar la siguiente temporada en otra categoría.

Significa perder ingresos.

Televisión.

Patrocinios.

Taquilla.

Exposición.

Y, sobre todo, poner en riesgo el valor de la franquicia.

Posiblemente cientos de millones de pesos en patrimonio.

Durante aquellos años distintos equipos comenzaron a acercarse peligrosamente al precipicio.

Atlas.

Puebla.

Morelia.

Querétaro.

Veracruz.

Lobos.

Incluso gigantes como Chivas llegaron a conocer la parte baja de la tabla porcentual.

Ya no se trata solamente de preguntar:

¿QUIÉN MERECE ASCENDER?

Sino:

¿QUIÉN ESTÁ DISPUESTO A DESCENDER?

Porque existe una diferencia enorme.

CERTIFICAR AL QUE ASCIENDE PROTEGE A LA LIGA DEL RIESGO DEL QUE VIENE.

Eliminar el descenso…

PROTEGE EL PATRIMONIO DEL QUE YA ESTÁ ADENTRO Y ELIMINA UNO DE LOS MAYORES RIESGOS SOBRE EL VALOR DE SU FRANQUICIA.

Una cosa controla la entrada.

La otra elimina el riesgo de salida.

Porque el que está abajo solamente arriesga su sueño.

EL QUE ESTÁ ARRIBA ARRIESGA SU PATRIMONIO.

Hace una semana le llamamos…

EL LINGOTE DE ORO.

Entonces lo observamos desde abajo.

Desde la perspectiva de quien quiere alcanzar Primera División y revalorizar extraordinariamente su activo.

Hoy permítame darle la vuelta.

Porque una vez que consigues el lingote…

TAMBIÉN TIENES MIEDO DE PERDERLO.

Quizá ahí comencemos a entender por qué ascender y descender dejaron de significar exactamente lo mismo para quienes estaban arriba y para quienes seguían abajo.

Detrás aparecen dos maneras distintas de entender el fútbol.

EL MODELO AMERICANO CONTRA EL MODELO EUROPEO.

La franquicia contra la meritocracia.

He ahí el dilema.

Y también…

EL NEGOCIO.

Existe además un detalle que vuelve todavía más interesante esta discusión.

Curiosamente, un año después, en enero de 2021, FIFA y sus seis confederaciones —AFC, CAF, Concacaf, CONMEBOL, OFC y UEFA— defendieron conjuntamente como principios universales del fútbol el mérito deportivo, la solidaridad, el ascenso y el descenso.

Y fueron todavía más lejos.

Sostuvieron que esos principios constituyen el fundamento de…

LA PIRÁMIDE DEL FÚTBOL.

La misma idea que llevamos recorriendo durante toda esta historia.

Una base.

Un camino.

Una cima.

Una estructura en la que la participación debe conquistarse…

EN LA CANCHA.

Entonces la discusión mexicana adquiere otra dimensión.

Ya no se trata solamente de preguntar si debe regresar el ascenso.

La pregunta es más profunda:

¿EN QUÉ MOMENTO EL FUTBOL MEXICANO DEJÓ DE PARECERSE A LA PIRÁMIDE QUE LA PROPIA FIFA DIJO DEFENDER?

EL ÚLTIMO ALPINISTA

Atlético de San Luis.

Ganó el Apertura 2018.

Ganó el Clausura 2019.

Cumplió.

Y ascendió.

Fue el último.

EL ÚLTIMO ALPINISTA QUE CONSIGUIÓ RECORRER COMPLETA LA MONTAÑA DEL FUTBOL MEXICANO.

Desde abajo.

Hasta Primera División.

Aunque después, paradójicamente, parecería olvidar que fue precisamente la meritocracia la que lo llevó hasta la cima.

El sistema parecía haber encontrado finalmente su equilibrio.

Después de décadas de ascensos, descensos, compras, mudanzas, desapariciones y candados, la lección parecía sencilla:

Ganar era indispensable.

Pero también había que demostrar capacidad para sostenerse arriba.

Durante el Clausura 2018 solamente seis clubes comenzaron certificados para poder ascender.

Después fueron nueve.

El filtro parecía consolidarse.

Hasta que sucedió algo completamente inesperado.

ABRIERON LA MONTAÑA

Para la temporada 2019-2020 el escenario cambió.

Después de tantos años preguntando quién cumplía y quién no…

TODOS LOS PARTICIPANTES DEL ASCENSO RECIBIERON LA POSIBILIDAD DE ASCENDER.

TODOS PODÍAN INTENTAR LLEGAR A LA CIMA.

La montaña parecía abrirse nuevamente.

No olvide este detalle, amigo lector. 

Los clubes de abajo habían conseguido aquello por lo que llevaban tiempo peleando:

Competir por un premio verdadero.

LLEGAR A PRIMERA DIVISIÓN.

Parecía que la batalla había terminado.

Nada más alejado de la realidad.

Porque justamente cuando los candados parecían haberse abierto…

ALGO SUCEDIÓ.

Los clubes del Ascenso creyeron haber conseguido la zanahoria.

Todavía no conocían el palo.

La expresión es de Alberto Castellanos, presidente de Leones Negros.

Y quizá pocas frases describan mejor lo que estaba por ocurrir.

Porque unos meses después la discusión ya no sería quién estaba certificado.

Ni quién tenía estadio.

Ni quién tenía dinero.

Ni siquiera quién sería campeón.

La pregunta sería mucho más sencilla.

Y mucho más brutal:

¿VOLVERÍA A ASCENDER ALGUIEN?

Pero ésa, amigo lector…

Esa es otra historia.

Y para entenderla tendremos que regresar unos pasos.

Antes de descubrir por qué terminó cerrándose el camino hacia la cima, necesitamos regresar con uno de aquellos hombres que ya estaba arriba.

Su equipo descendió deportivamente.

Pagó para permanecer.

Continuó en Primera División.

Y pocos meses después, el fútbol mexicano enfrentaría uno de los casos más graves de insolvencia y conflicto institucional de los últimos años.

No fue el primero.

Pero por el momento en que ocurrió…

PUDO SER EL QUE TERMINÓ POR DERRAMAR EL VASO.

Su historia concentra las contradicciones de este recorrido.

Dinero para permanecer.

Problemas para sostenerse.

Reglas para evitar el descenso.

Y una estructura que terminaría cuestionándose qué hacer con quienes estaban arriba…

y con quienes pretendían subir.

Por eso, antes de llegar a 2020, tendremos que detenernos en Veracruz.

Y frente a un hombre.

FIDEL KURI GRAJALES.

Porque quizá para entender por qué terminaron cerrando la montaña…

PRIMERO HAY QUE ENTENDER QUÉ SUCEDIÓ EN LA CIMA.

Y qué hizo Fidel Kuri…

CUANDO YA ESTABA ARRIBA.

(en la siguiente entrega lo analizaremos)

Mientras tanto, nosotros…

Veremos y Diremos.

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