Estados Unidos lanzó una nueva serie de ataques aéreos contra objetivos militares en Irán, ampliando la ofensiva que mantiene desde hace una semana y elevando la tensión en Medio Oriente. De acuerdo con el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), la operación tuvo como objetivo debilitar las capacidades militares iraníes y reducir las amenazas contra las fuerzas estadounidenses y el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.
Los bombardeos se concentraron en infraestructura estratégica, incluidos sistemas de defensa aérea, radares, instalaciones logísticas, puentes, aeropuertos y posiciones vinculadas con las capacidades de misiles y drones de Irán. Autoridades estadounidenses aseguraron que los ataques fueron dirigidos exclusivamente contra objetivos militares y forman parte de una campaña para limitar la capacidad operativa del régimen iraní.
Por su parte, Irán denunció que los ataques dejaron decenas de víctimas. Medios oficiales informaron de al menos 40 personas fallecidas y más de 400 heridas, además de daños en infraestructura civil y militar. El gobierno iraní calificó la ofensiva como una violación del derecho internacional y advirtió que responderá a las acciones de Washington.
En respuesta a la ofensiva estadounidense, Teherán lanzó misiles y drones contra bases militares de Estados Unidos en países como Siria, Jordania, Baréin, Kuwait y Omán, lo que ha incrementado el riesgo de una expansión del conflicto en la región. Asimismo, la escalada ha afectado el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes para el comercio mundial de petróleo, provocando preocupación en los mercados internacionales.
Mientras continúan las operaciones militares, diversos gobiernos y organismos internacionales han hecho un llamado a la contención y al diálogo para evitar que el conflicto derive en una confrontación de mayor escala. Sin embargo, tanto Washington como Teherán mantienen una postura firme, lo que mantiene en incertidumbre la evolución de la crisis en Medio Oriente.
