Estados Unidos busca llevar a una nueva dimensión su combate contra las organizaciones del narcotráfico en América Latina. La administración del presidente Donald Trump prepara una estrategia que contempla operaciones en tierra contra grupos criminales, además de las acciones que las fuerzas estadounidenses ya han desarrollado en aguas de la región.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, confirmó que su gobierno trabaja con países latinoamericanos que han decidido fortalecer la cooperación militar con Washington. La propuesta contempla que las fuerzas de seguridad de los países participantes puedan coordinarse con Estados Unidos para localizar y combatir estructuras dedicadas al tráfico de drogas.
La estrategia forma parte del llamado “Escudo de las Américas”, iniciativa promovida por Washington para reunir a gobiernos de la región en una ofensiva conjunta contra organizaciones criminales que Estados Unidos considera una amenaza.
Uno de los países que ha adquirido mayor relevancia en esta estrategia es Ecuador. El gobierno de Daniel Noboa ha incrementado su cooperación militar con Estados Unidos frente al crecimiento de las organizaciones criminales que operan en territorio ecuatoriano. Ambos países ya han desarrollado acciones coordinadas y Washington busca ampliar ese esquema.
Colombia también se sumó recientemente a la iniciativa. El gobierno de ese país autorizó una mayor colaboración con Estados Unidos para enfrentar a grupos armados y redes relacionadas con el narcotráfico. La incorporación colombiana convierte al país en uno de los principales socios regionales de Washington dentro de esta nueva estrategia.
El planteamiento estadounidense supone un cambio respecto a buena parte de las políticas antidrogas desarrolladas durante las últimas décadas. La cooperación tradicional se había concentrado en intercambio de información, capacitación, vigilancia y apoyo logístico; ahora Washington pretende que sus capacidades militares tengan una participación más directa en operaciones contra objetivos criminales.
La Casa Blanca sostiene que las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas representan una amenaza que requiere una respuesta más contundente. Bajo esa visión, el Pentágono ha comenzado a tratar a determinados grupos criminales bajo una lógica similar a la utilizada en campañas militares contra organizaciones terroristas internacionales.
Sin embargo, la posibilidad de realizar operaciones terrestres no significa que Estados Unidos pueda actuar libremente en cualquier país de América Latina. Las acciones requieren coordinación con los gobiernos que decidan participar y están sujetas a las condiciones establecidas entre cada nación y Washington.
En este escenario, México mantiene una posición diferente. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha continuado la cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad, inteligencia y combate al tráfico de drogas, pero ha dejado claro que cualquier colaboración debe respetar la soberanía mexicana.
México tampoco forma parte del “Escudo de las Américas”, por lo que los planes anunciados por Hegseth no implican, hasta ahora, una autorización para realizar operaciones militares estadounidenses contra cárteles dentro del territorio mexicano.
El Pentágono tampoco ha presentado un calendario público con los lugares donde podrían comenzar las nuevas operaciones ni ha informado cuáles serían los primeros objetivos. Por ahora, el principal cambio está en la intención de Washington de ampliar su participación militar y coordinar acciones terrestres con gobiernos aliados.
La estrategia coloca nuevamente a América Latina en el centro de la política de seguridad estadounidense y podría modificar la relación militar de Washington con varios países de la región. Ecuador y Colombia aparecen como los principales puntos de partida de una campaña que Estados Unidos pretende extender contra las redes internacionales del narcotráfico.
