Uno de los momentos más comentados del show de medio tiempo del Super Bowl LX, protagonizado por Bad Bunny, fue cuando el cantante puertorriqueño entregó simbólicamente un premio Grammy a un niño frente a millones de espectadores, lo que desató especulaciones y rumores en redes sociales sobre la identidad del menor.
Lejos de las versiones virales, el niño no es un familiar del artista ni una víctima de algún caso migratorio, como se afirmó erróneamente en plataformas digitales. Se trata de Lincoln Fox Ramadan, un actor y modelo infantil de cinco años, quien fue contratado oficialmente como parte de la producción artística del espectáculo.
Durante la presentación, Bad Bunny tomó uno de los premios Grammy que ganó recientemente y lo colocó en manos del menor como parte de la narrativa visual del show, en un acto cargado de simbolismo. El gesto fue interpretado como un mensaje de inspiración para las nuevas generaciones, en el que el artista buscó transmitir la idea de que los sueños pueden alcanzarse desde la infancia.
La escena fue diseñada por el equipo creativo del espectáculo y no implicó la entrega real del galardón, sino un recurso escénico para reforzar el discurso artístico del show.
Tras la transmisión, en redes sociales comenzó a circular la versión de que el niño era Liam Conejo Ramos, un menor presuntamente detenido junto a su padre por agentes migratorios en Estados Unidos. Sin embargo, esa información fue desmentida, ya que el niño que apareció en el escenario no tiene relación alguna con ese caso.
Diversos medios internacionales confirmaron que Lincoln Fox Ramadan ha participado previamente en comerciales y producciones audiovisuales, y que su aparición en el Super Bowl fue una actuación previamente ensayada y autorizada.
El momento se volvió rápidamente viral y generó reacciones encontradas, desde elogios por el mensaje emotivo hasta confusión por la desinformación que circuló horas después del evento. Posteriormente, familiares del menor compartieron imágenes y mensajes celebrando la experiencia, calificándola como “inolvidable”.
El show de Bad Bunny continúa siendo uno de los más comentados de la historia reciente del Super Bowl, no solo por su impacto musical, sino por los mensajes simbólicos y sociales que dejó sobre el escenario.
