La disputa entre Estados Unidos e Irán por el control del estrecho de Ormuz volvió a subir de tono este martes, luego de que Donald Trump afirmara que la estratégica vía marítima está abierta y bajo control estadounidense, mientras Teherán sostiene que el paso permanecerá cerrado hasta que Washington cumpla las condiciones de un acuerdo provisional.
Trump aseguró que el estrecho está despejado de minas navales y que no existen conversaciones en curso ni negociaciones programadas con Irán. Sus declaraciones contrastan con las de funcionarios iraníes, quienes mantienen que el tránsito seguirá restringido mientras Estados Unidos no levante el bloqueo sobre puertos iraníes, retire sanciones y descongele activos de Teherán.
La tensión aumentó todavía más después de que Trump difundiera un mapa en su red social en el que el estrecho de Ormuz aparece señalado como “nuevo territorio de Estados Unidos”. La publicación se produce en medio del deterioro de las relaciones entre Washington y Teherán y del fracaso para extender el acuerdo provisional que había permitido reducir temporalmente las tensiones.
El estrecho es uno de los principales puntos estratégicos para el comercio mundial de energía. Antes de la actual crisis, por esta ruta transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados internacionalmente. La reducción del tráfico ya comenzó a impactar los mercados: el precio del Brent alcanzó alrededor de 91.46 dólares por barril este martes, mientras el West Texas Intermediate llegó a unos 85.25 dólares.
La situación también involucra a Omán, que intenta avanzar en conversaciones con Irán para establecer un mecanismo que permita reactivar el tránsito marítimo. Trump ha criticado esos esfuerzos y, según funcionarios regionales citados por Associated Press, incluso amenazó con una acción militar contra Omán si el país interfiere con los objetivos estadounidenses en torno al estrecho.
Mientras Washington insiste en que Ormuz está operativo, los datos de navegación muestran que el movimiento de embarcaciones continúa siendo muy limitado. Irán, por su parte, mantiene su exigencia de que Estados Unidos cumpla las condiciones del acuerdo provisional antes de permitir una reapertura completa.
El enfrentamiento deja al estrecho de Ormuz en el centro de una crisis que combina presión militar, disputa diplomática y riesgos económicos. Sin un nuevo entendimiento entre Washington y Teherán, la incertidumbre sobre el tránsito marítimo podría mantenerse y continuar presionando los precios internacionales de la energía.
