La severa ola de calor y la prolongada sequía que afectan a Europa obligaron a Hungría a detener temporalmente la operación de su única central nuclear, la planta de Paks, debido a la falta de agua suficiente para garantizar el sistema de refrigeración, una situación que evidencia los efectos del cambio climático sobre la infraestructura energética del continente.
La central de Paks, ubicada a orillas del río Danubio y responsable de cerca de la mitad de la electricidad que consume Hungría, depende del caudal del río para enfriar sus reactores. Sin embargo, las altas temperaturas y el descenso histórico del nivel del Danubio obligaron a suspender las operaciones como medida preventiva y para cumplir con los límites ambientales establecidos por las autoridades.
La crisis hídrica no afecta únicamente a Hungría. Los principales ríos europeos, entre ellos el Danubio, el Rin y el Loira, registran algunos de los niveles más bajos del siglo XXI, afectando la navegación comercial, el abastecimiento de agua y la generación de energía en varios países. En Rumania, incluso uno de los reactores de la central de Cernavodă también tuvo que detener operaciones por condiciones similares.
Las autoridades húngaras han señalado que la medida responde a criterios de seguridad y protección ambiental, ya que el incremento de la temperatura del agua utilizada para enfriar los reactores podría afectar al ecosistema del Danubio. Aunque el sistema nuclear cuenta con reservas y protocolos de seguridad, la falta de agua disponible hizo inviable mantener la operación normal de la planta.
Especialistas advierten que los fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más frecuentes por el cambio climático, representan un desafío creciente para la infraestructura energética europea. La combinación de sequías prolongadas, temperaturas récord y bajos niveles en los ríos amenaza tanto la generación hidroeléctrica como la operación de centrales nucleares que dependen de grandes volúmenes de agua para su enfriamiento.
