La detención del obispo emérito Juan Abelardo Mata Guevara provocó una nueva confrontación diplomática entre Estados Unidos y el gobierno de Nicaragua, luego de que Washington exigiera su liberación inmediata y condenara lo que calificó como una persecución contra la Iglesia católica en el país centroamericano.
El religioso, de 80 años de edad y una de las voces más críticas del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, fue detenido por las autoridades nicaragüenses después de participar en una misa en la que pidió orar por la Iglesia católica y por la situación que atraviesa el país.
Tras conocerse su arresto, el Departamento de Estado de Estados Unidos, a través de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental, exigió su liberación “inmediata e incondicional”, asegurando que el obispo no representa ninguna amenaza y denunciando la “continua y cruel persecución y represión religiosa” que, según Washington, se vive en Nicaragua.
Horas después de la presión internacional, el Ministerio del Interior de Nicaragua informó que Juan Abelardo Mata fue puesto en libertad y regresó a su domicilio. Sin embargo, las autoridades señalaron que el religioso continuará siendo investigado por presuntas irregularidades relacionadas con propiedades y posibles actos de corrupción.
El gobierno sandinista afirmó que existen indicios de que algunos bienes y operaciones financieras vinculadas al entorno del obispo no corresponden con su condición sacerdotal, por lo que las investigaciones seguirán su curso.
La detención y posterior liberación de Mata han generado preocupación entre organizaciones de derechos humanos y grupos religiosos, que consideran el hecho como un nuevo episodio de tensión entre el régimen de Ortega y la Iglesia católica, institución que en los últimos años ha denunciado restricciones a las libertades civiles y una creciente persecución contra miembros del clero.
Monseñor Juan Abelardo Mata es uno de los principales críticos del gobierno nicaragüense y en diversas ocasiones ha cuestionado las políticas de Ortega y Murillo, convirtiéndose en una de las figuras más visibles de la oposición moral al régimen.
El caso ha vuelto a colocar a Nicaragua en el centro del debate internacional sobre los derechos humanos y la libertad religiosa, mientras continúan las reacciones de gobiernos y organismos internacionales ante la situación política que atraviesa el país centroamericano.
