Kabul. En la medianoche del 1 de septiembre, un devastador terremoto de magnitud 6 sacudió el este de Afganistán, resultando en la muerte de más de 800 personas y dejando a más de 2,800 heridos.
Este evento catastrófico ha puesto a prueba los ya limitados recursos del gobierno talibán, que enfrenta múltiples crisis humanitarias.
El portavoz del Ministerio de Sanidad en Kabul, Sharafat Zaman, hizo un llamado urgente a la comunidad internacional, afirmando: “La necesitamos porque aquí mucha gente perdió la vida y sus casas”. Las autoridades han reportado que el sismo causó la mayor parte de las muertes en las provincias de Kunar y Nangarhar, donde se han movilizado equipos de rescate para ayudar a los afectados.
Las imágenes de Reuters TV muestran helicópteros evacuando a los heridos, mientras los residentes colaboran con las fuerzas de seguridad y los médicos para llevar a los afectados a las ambulancias.
Se estima que al menos 610 de las muertes se registraron en Kunar, y 12 en Nangarhar, donde el sismo arrasó tres aldeas y causó daños significativos en muchas otras.
El Ministerio de Defensa ha desplegado equipos militares de rescate en la región, utilizando 40 aeronaves para transportar a 420 heridos y fallecidos.
Este es el tercer gran terremoto mortal que enfrenta Afganistán desde que los talibanes asumieron el poder en 2021, en un contexto de reducción drástica de la ayuda internacional.
Las agencias humanitarias han advertido sobre una crisis humanitaria olvidada en Afganistán, donde más de la mitad de la población necesita asistencia urgente.
La ONU estima que la ayuda humanitaria ha disminuido a 767 millones de dólares este año, en comparación con los 3,800 millones de 2022.
