Fueron despedidos 400 trabajadores de Vector. Conozco a un par de ellos en Puebla, talentosos, y son los que han pagado los platos rotos por los turbios negocios del lavandero Alfonso Romo, uno de los consentidos de Andrés Manuel López Obrador.
Hay miedo, y poco a poco los inversionistas grandes han comenzado a pedir su lana de vuelta. El tamaño del escándalo es gigante, pero la afectación para ahorradores y trabajadores es aún mayor.
Pero ya ven que, en tiempos de la 4T, ni nos ven ni nos escuchan.
“Vivía” en el piso y con un hijo alcohólico
Ayer conté en la radio el caso de una ancianita que, en esta ciudad, vivía el abandono: tirada junto a su colchón viejo, con trastes sucios por todos lados, y un hijo alcohólico que solo la visita de vez en cuando.
Como siempre, la buena vecindad fue quien la puso a salvo. Primero, llevándole alimentos y bañándola; después, llamando al noticiero A Tiempo de la Tropical Caliente.
Su estado era deplorable, y el DIF estatal que dirige Ceci Arellano la trasladó en ambulancia al Hospital General de Cholula.
Lo más probable es que su destino sea Cáritas, lo cual es mucho mejor que la miseria y el abandono en el que la encontraron allá en la colonia Ignacio Zaragoza.
“Choferes a la buena de Dios”
Hoy protestarán los conductores de Uber y Didi, porque esto de ser chofer de aplicación ya no rinde. Entre las retenciones del IMSS y las tarifas que ahora se pagan de a 80 centavos el kilómetro, ya no sale.
A ver si en una de esas el gobierno federal los escucha y mete en cintura a las empresas, que nunca pierden.
Esto no es libre albedrío: hay reglas de funcionamiento y de competencia.
Pero los choferes —muchos de ellos profesionistas— también andan a la buena de Dios, como todos.
