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Comer el pan y compartirlo es algo que humanamente siempre ha sucedido. Todo
inicia desde la comensalidad y esta empieza desde el descubrimiento y nacimiento
del fuego. Cuando el hombre descubre el fuego, empieza a compartirlo, a sentarse
alrededor de él y calentar en él sus alimentos.

Etimológicamente la palabra comensalidad significa “compartir la mesa”.
Compartimos la mesa con la familia, con amigos, desconocidos o con nosotros
mismos. Estas personas con quienes compartimos la mesa se convierten en
compañeros y con ellos compartimos el pan. Llámese pan a todo lo comestible.
¿Han escuchado el dicho, “Debemos compartir el pan”? Bueno, el pan puede
ser carne, verduras, jugos, caldos, etc, etc…

En la prehistoria ya se empezaban a hacer mezclas con semillas y agua. El
Pan Primitivo, es decir, el primer pan del que se tiene registro es una masa sólida.
Era una extensa pasta plana que era hecha a base de diferentes tipos de granos,
agua y se extendía sobre una piedra o el suelo, se dejaba secar bajo los rayos del
sol y una vez que se secaba era comestible.

Por otro lado, fueron los egipcios los primeros en utilizar levadura y en quitarle
la cascara al trigo. Con harina blanca y sal se creaba el pan para las mesas de los
ricos y el pan integral estaba destinad para los pobres.
En la Grecia clásica, el arte de la elaboración del pan creció, existiendo
incluso un manual para su elaboración, llamado Deipnosophistae o El banquete del
los eruditos, en el que su autor Atheneo, describía todo lo relacionado con el pan.
La levadura se ha ido confeccionando a lo largo de los años para obtener un
mejor producto.
Referencias:
Díaz Simón, A. (2011) Recetas con Historia. Barcelona: Editorial Planeta. S.A.