Ser periodista independiente en Cuba significa vivir y trabajar con miedo. Aún hoy, el Estado solo reconoce legalmente a la prensa oficial.

“Quien decide hacer periodismo fuera de los medios estatales se convierte según las leyes en un delincuente”, cuenta el periodista de El Estornudo Mario Luis Reyes, autor del podcast “Hacer periodismo con miedo”. A partir de un análisis histórico y entrevistas a tres colegas de diferentes regiones, Reyes hace una radiografía de la persecución estatal a la prensa independiente en la isla.

Hasta principios de la década del 90 en Cuba solo existían medios estatales. El escenario comenzó a cambiar tras la caída del bloque soviético. En esos años vieron la luz los primeros medios independientes: periódicos, algunos escritos desde el exilio, que circulaban de mano en mano. El crecimiento de la prensa independiente se detuvo en 2003. Durante tres días la policía política arrestó a 75 activistas y periodistas dando inició a lo que se conoce como “la primavera negra”.

Una segunda transformación se produjo años más tarde, con la democratización del uso de internet en la isla. Con la incipiente apertura económica y el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos parecía que el deseo de una prensa independiente se haría real. La crisis tras el derrumbe de la economía venezolana y las sanciones del gobierno de Estados Unidos pusieron fin a ese sueño y el gobierno endureció la persecución a la prensa.

“A partir de 2018 a esos pequeños espacios de libertad que se habían creado en la isla le quedaron dos opciones: resistir o desaparecer”, cuenta Reyes.

Desde el día que un hombre interrumpió la entrevista que estaba haciendo y lo acusó de ser un “contrarrevolucionario”, cada vez que sale a hacer una nota, Carlos Melián siente miedo. No solo ante la posibilidad de ser enviado a la cárcel. También teme que el Estado organice un “acto de repudio” en su contra. Que vayan a su casa y lo acusen delante de su familia y sus vecinos de ser “un periodista al servicio del imperialismo”