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El encuentro con la naturaleza en San Agustín de Guadalix es casi de cuento. Hacer compañía al río puede convertirse en una excursión extrasensorial, casi tendrás la sensación de haberte teletransportado a un bosque medieval o a un videoclip de Enya.

Apenas son 5 kilómetros los que hay desde San Agustín hasta la cascada, en una ruta donde no faltan puentes de madera e incluso los restos de un antiguo molino.

El río va regalando diferentes saltos en su recorrido. Acceder al charco del hervidero se realiza a través de una escalera de piedra que parece sacada de un castillo de Drácula, no apta para pies indecisos.

La cascada es espectacular, más aún en esta época que es cuando hay más caudal y la naturaleza se exhibe sin ningún pudor. Hay espacio para echar el día y disfrutar del sonido del agua y de los pájaros. Eso sí, es importante ir equipado con víveres y agua porque allí no hay abastecimiento de nada.